El compromiso: un poderoso motor para alcanzar metas

El secreto del éxito

Cuando hablamos de alcanzar metas también estamos hablando de transformar promesas y sueños en realidad. O sea, hablamos de logros y éxito. Y lo que nos hace obtener mejores resultados y en consecuencia ser más exitosos puede ser explicado a través a la siguiente ecuación:

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Esta ecuación nos demuestra que nuestros resultados dependerán de qué tan bien sepamos hacer algo multiplicado por la energía que apliquemos. P.ej. un vendedor que conozca mejor las técnicas de venta (un mayor “saber hacer”) obtendrá mejores resultados que uno que no las conozca tan bien. A la vez, un vendedor que haga una mayor cantidad de acciones de prospección (o sea, que invierta más energía) tendrá mejores resultados que uno que haga una cantidad menor.

Podríamos agregar otros dos factores, que son la suerte y los recursos disponibles, pero no dependen directamente de nosotros y, en el largo plazo, inciden menos que los otros dos factores de la ecuación.

Los tres motores de la Energía

La energía de esta ecuación tiene tres motores: la disciplina, la motivación y el compromiso.

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  • La disciplina es una habilidad. Es la capacidad de hacer lo que tengamos que hacer, aunque no lo queramos hacer. O sea, es la capacidad de que tiene nuestra mente racional (el “tengo que…”) para imponerse a nuestra mente emocional cuando esta no quiere o está baja de energía. Hay que tener presente que un alto grado de disciplina requiere hábitos y atributos de la personalidad muy determinados que suelen ser difíciles de adquirir en la adultez.
  • La motivación es una emoción. Es el “me apetece…”. Hay que tener presente que la motivación es algo condicionado y volátil que depende de mucho de las circunstancias, estados de ánimo, etc. Una tarea o actividad puede ser motivante en un determinado momento y dejar de serlo en otro. Además, el espectro de cosas que nos motivan es limitado.
  • El compromiso es una actitud. Es la elección, consciente o inconsciente, de aquello que priorizamos hacer por sobre otras cosas. Puede incluir aspectos motivantes y también otros que son esforzados o sacrificados pero cuya relación coste – beneficio asumimos como conveniente. Hay que tener presente que el compromiso, para ser sustentable, tiene que estar integrado con nuestro ser.

Obviamente, la energía que producen de estos tres “motores” se puede sumar, de modo tal que p.ej. déficits en la motivación o en el compromiso se pueden compensar con una mayor disciplina o a la inversa.

Cabe aclarar que estos tres motores no son lo único que incide en la energía.  Así como hay factores que la impulsan, también hay otros que la reducen, como los miedos o estados de ánimo del tipo depresión, distimia, etc.

El compromiso

En mi experiencia, el más poderoso de estos tres motores suele el compromiso, siempre y cuando sea sincero.

Hemos visto que compromiso es la elección, consciente o inconsciente, de qué es lo que haremos y, en consecuencia, también de que es lo que dejaremos de hacer.

Esta elección puede tener un punto de partida racional del tipo “me conviene…”. Pero para que sea sustentable, también debería estar alineada con nuestros valores, propósitos, intereses y motivaciones. Si elegimos actuar únicamente desde la razón, probablemente esta elección tendrá que estar impulsada por la disciplina.

Respecto del compromiso suelen plantearse algunos interrogantes:

  • ¿Podemos estar comprometidos con varias cosas? Por supuesto. P.ej. podemos estar comprometidos con nuestro trabajo, con nuestra familia, con nuestra salud y – por qué no – con nuestro esparcimiento. Ahora bien, como el tiempo disponible es finito, la mayoría de las veces nos vemos obligados elegir qué hacemos y en consecuencia qué dejamos de hacer. Y como el compromiso es susceptible de grados, tendemos a priorizar en forma consciente o inconsciente. Así, podemos estar muy comprometidos con nuestra familia, pero podemos estarlo aún más con nuestro trabajo. O con nuestro esparcimiento. Por lo que, en la práctica, solo actuaremos en función de nuestros compromisos de mayor grado.
  • ¿Cómo saber si alguien está realmente comprometido o no? Nuestros compromisos son visibles. No a través de lo que decimos, sino través de la forma en que actuamos y en consecuencia de lo que priorizamos (y dejamos de priorizar). Por ello, cuando nos justificamos diciendo que no hemos tenido tiempo para hacer algo que habíamos declarado como importante, en realidad lo que hemos hecho es priorizar otra cosa. Lo que puede indicarnos que quizás no estábamos tan comprometidos como habíamos dicho.
  • ¿Podemos elegir con qué comprometernos? En principio sí. Pero cuidado: no podemos elegir qué es lo que queremos o qué es lo que nos mueve. Por ello, cuando nos comprometamos con algo, será de gran ayuda que lo hagamos de forma consciente, teniendo en cuenta nuestra naturaleza, propósitos, valores e intereses. Caso contrario tendremos que recurrir a otras fuentes de energía. P.ej. podemos elegir comprometernos a ser un buen profesional en una determinada actividad. Si ese compromiso únicamente está sustentado en ganar dinero e ignora otros aspectos importantes de nuestro ser, podría no ser sustentable sin una gran dosis de disciplina. Por el contrario, si nuestro compromiso de ser un buen profesional también está basado en nuestro propósito o  misión profesional, la dosis de disciplina requerida para avanzar hacia la meta será mucho menor.

 

¿Estamos actuando con compromiso o por obligación?

Es frecuente que (nos) digamos que estamos comprometidos con algo pero que, en lo más profundo, lo vivamos como una obligación, con lo cual el único motor que nos impulsará será el de la disciplina.

  1. Lenguaje

Una de las mejores maneras para identificar si actuamos con compromiso o por obligación es la forma en que hablamos.

Cuando decimos (o nos decimos) “tengo que…”, “debería…”, “intentaré…” claramente estamos indicando que actuamos por obligación. En cambio, cuando decimos (o nos decimos) “voy a…”, “quiero…”, “elijo hacer…”, “cuenta conmigo…”, “dalo por hecho…” estamos indicando que actuamos con compromiso.

  1. Declaración

Otra forma para identificar si actuamos con compromiso o por obligación es nuestra disposición a declarar abiertamente nuestros objetivos y metas. Imaginemos que una persona se pone como objetivo aumentar la facturación de su empresa en un 30% en dos años. Si esa persona declara su objetivo ante familiares, amigos, colaboradores, etc. es una indicación que está comprometida. Si no lo hace, quizás sea un indicio de que, en el fondo, no está tan convencida.

  1. Sacrificio

También podemos identificar si estamos ante un compromiso o una obligación a través de nuestra predisposición al esfuerzo y al sacrificio cuando sea necesario. P.ej. una persona realmente comprometida con la educación de sus hijos sabe que tendrá que invertir mucho esfuerzo, tiempo y dinero y sin embargo no duda de que hará todo lo posible cada vez que haga falta. No necesitará recurrir a la disciplina para ello.

  1. Explicaciones

Finalmente, podemos ver si actuamos desde el compromiso o la obligación a través de las explicaciones que damos cuando no hemos accionado de acuerdo con lo declarado. En estos casos caben dos conversaciones: por un lado, la explicación de por qué no ha sido posible y, por el otro, la de una nueva propuesta de acción para cumplir con el compromiso. Si nos quedamos únicamente en la primera conversación, o si esta se da de manera muy frecuente, es un indicio de que quizás no haya suficiente compromiso. Porque, como sostiene la coach Rita Tonelli, “explicar tu comportamiento remite a tu propia duda al respecto.”

 

Conclusión

Si queremos alcanzar nuestras metas, debemos tener en claro en qué aspectos de nuestra “ecuación del éxito” hemos de que incidir. En lo que refiere a la energía, ¿cuál está siendo tu motor principal?

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