EGO vs. APRENDIZAJE: ¿Tengo EGO o el EGO me tiene a mi?

Cuenta una leyenda que un hombre de gran formación e ilustración realizó un largo viaje para consultar a un viejo maestro zen. Cuando llegó a su presencia, le dijo que quería ser su discípulo y aprender de él. Para impresionar al maestro y obtener su favor empezó a mencionarle todos los títulos académicos que poseía, los libros que había estudiado y los éxitos que había tenido. Mientras el erudito continuaba hablando sin cesar de sus conocimientos, el maestro lo invitó a tomar una taza de té. Tomó la tetera y comenzó a llenar la taza de su nuevo alumno, sin mirar aparentemente lo que hacía. El té comenzó a rebosar, fue desparramándose en el platillo y finalmente en el suelo. El erudito, sorprendido, dijo: “Maestro, deje de volcar te en la taza, no ve que ya está llena? Y el maestro le respondió: “Trato de darte la primera lección. Tu mente es como esta taza. Está tan llena de creencias y opiniones que ya no tiene lugar para nada más. Si de verdad quieres aprender, lo primero que tienes que hacer es estar dispuesto a hacer lugar en tu mente, despojándote de aquello que ya no te es útil”

Las ventajas del aprendizaje son obvias. Nos permite ir adquiriendo más y mejores recursos para alcanzar nuestros objetivos. O sea, nos permite ser más poderosos.

Y, sin embargo, muchas veces nos cerramos al aprendizaje. En mis conversaciones de coaching me enfrento a menudo a la siguiente contradicción: La persona coacheada reconoce que las acciones que está realizando no la llevan al resultado deseado pero, por otro lado, tiene una resistencia a buscar nuevos caminos. Se queda en un mar de justificaciones, siendo las más comunes encontrar culpas y dificultades fuera de ella. Se sienten más cómodas así que asumiendo el desafío de “soltar” creencias y pautas que no les son funcionales y aprender nuevas…

Esto es así porque reconocer que hay algo que no sé o que creía que sabía pero estaba equivocado puede afectar mi autoestima. Afecta mi ego.

Aclaremos que no es malo tener ego. El ego es la parte de nuestra mente que nos permite individuarnos, o sea diferenciarnos de las demás personas. Ser únicos. Es responsable de organizar los diversos elementos de uno mismo para crear cierta integridad e integración. Esto es necesario para que podamos funcionar eficazmente. El problema pasa cuando nuestro foco o compromiso está puesto en defender este ego. El problema no es tener ego, sino que el ego nos tenga a nosotros.

Y digo es un problema porque el defender a toda costa lo que somos hoy nos cierra a la búsqueda e incorporación de más o mejores recursos para poder ser más efectivos, más poderosos. Defendiendo lo que soy sin estar dispuesto a “soltar” nada puede impedirme avanzar hacia lo que puedo llegar a ser.

O sea que se produce la siguiente paradoja: el ego, al cerrarme a lo que no sé o no soy y en consecuencia al aprendizaje, me impide adquirir recursos y producir los cambios que necesito para tener luego un ego más grande.

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